En el mes de septiembre 2025 se realizó un encuentro de autocuido que sirvió
para bajar el ritmo, mirarnos y nombrar lo que pesa. Fue como un abrazo
colectivo en el exilio. La propuesta fue vivencial: música, respiraciones, tarjetas
de colores, pequeños rituales que ayudan a poner en palabras lo que a veces se
queda en el cuerpo.
En el proyecto Las Hijas del Maíz 2025, se contempló por primera vez un
componente que incluyera el autocuido para las integrantes de la Red de Mujeres
Pinoleras. El evento contó con la asistencia de Linda Núñez, quien facilitó el
espacio para las participantes.
En red
Se empezó por el anclaje: dar la bienvenida, reconocer el camino recorrido y
recordar por qué este espacio importa. Después, con música suave, cada una fue
diciendo qué trae y qué necesita. Las lágrimas aparecieron sin culpa; también las
risas.
Hubo una dinámica de logros y retos que permitió ver avances cotidianos: “ya
organizo mis pedidos”, “pude hablar con la escuela”, “hoy descansé sin sentirme
mala madre”. Esas frases, chiquitas y enormes, cuentan un montón de la vida en
el exilio.
El mapa de redes fue otro hallazgo. Al escribir nombres de personas e
instituciones que pueden apoyar, la sensación de soledad bajó. De pronto,
aparecieron opciones concretas: una vecina, una trabajadora social, una
compañera de feria que apoye los domingos.
Los deseos cerraron la jornada: metas sencillas para el mes, escritas y guardadas
en una bolsita. La idea fue comprometerse con acciones posibles sin agobio.
“Sanando yo, sanás vos; sanando vos, sano yo”, dijo una participante, y todas
asintieron.


Al final, quedó claro que el cuidado no es lujo ni premio. Es una estrategia de
organización y sostenibilidad. Cuidarnos es también sostener el emprendimiento,
la casa y la red.

