Liderazgo democrático para la acción colectiva de las mujeres

Los talleres de liderazgo llegaron como una brújula en medio de la agenda intensa
de la Red de Mujeres Pinoleras, Remupi, a través de su propuesta que tuvo eco
dentro del proyecto Las Hijas del Maíz, iniciativa liderada por la Asociación La
Esperanza para la Comunicación y el Desarrollo, con fondos de Sant Just Solidari.

Este proyecto tuvo como aliado otra organización internacional que lleva los temas
de liderazgo con jóvenes y no dudó en adecuar por primera vez el programa para
un grupo exclusivo de mujeres.

Es así que nace “Democracia, Liderazgo y Transformación”, un espacio que
durante tres jornadas —en agosto, septiembre y octubre—, participaron
integrantes de la Remupi, quienes se metieron de lleno a revisar cómo se toman
decisiones, cómo se representan a otras y cómo se sostiene la vida organizativa
sin quemarse.

El primer encuentro puso el acento en liderazgo democrático: escuchar antes de
hablar, construir acuerdos útiles y legitimar a quienes asumen vocerías. Hubo
ejercicios prácticos con casos reales de la REMUPI, porque aquí la teoría sirve
cuando baja a la vida diaria: convocatorias, turnos de feria, manejo de conflictos,
administración de la Casa, etc.

El segundo taller se centró en organización: roles, transparencia y canales de
información. Se revisaron problemas recurrentes (mensajes que no llegan, tareas
duplicadas, decisiones poco claras) y se acordaron hábitos para mejorar. Salió una
idea simple y efectiva: “si no está escrito, no existe”; y si existe, debe ser fácil de
encontrar.

En la tercera y última sesión apareció con fuerza la palabra acción. Las mujeres
conectaron liderazgo con incidencia: cómo responder ante una coyuntura, cómo
pedir apoyo a aliados, cómo cuidar a las compañeras que tienen el rostro más
visible en un contexto hostil. La experiencia de la red permitió compartir trucos
para bajar la ansiedad y mantener el foco.

El resultado no fue un manual perfecto, sino una base común. Se habló de la
Casa REMUPI como motor y símbolo: un espacio donde se tejen decisiones y
afectos. Al cierre, quedó claro que la voz de la red no es de una sola persona, sino
de todas, y que la legitimidad crece cuando se participa en los procesos.

En números gruesos, las tres jornadas sumaron decenas de participaciones y
dejaron tareas para la mejora continua. La tarea es que el grupo siga en su
proceso de reforzar lo aprendido y cuidar el relevo organizativo. El liderazgo, aquí,
se parece a lo que hacen en sus negocios: mejorar un poquito cada semana.*

Actividad de formación

Dejar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *