Las Becas Escolares Solidarias llegaron a 20 estudiantes de primaria y
secundaria en familias de la Red de Mujeres Pinoleras (Remupi) y la Asociación
Centro de Estudio y Promoción Social de los Derechos Humanos (ASOHUMA),
priorizando situaciones de mayor vulnerabilidad.
Por primera vez, el proyecto Las Hijas del Maíz 2025, incluyó el componente de
becas escolares para beneficiar a hijos e hijas de mujeres nicaragüenses exiliadas
en Costa Rica, esto como respuesta a una de las necesidades evidenciadas en el
Diagnóstico sobre situación de mujeres e infancias desplazadas forzadas en Costa
Rica.
El apoyo económico (200 dólares por persona) apunta a lo básico: útiles,
uniformes, transporte, conectividad y, cuando hace falta, alimentación escolar.
La convocatoria se elaboró con requisitos claros y se cerró en el mes de agosto.
La segunda entrega quedó programada para mediados de noviembre, y en
diciembre se realiza un encuentro con niñas, niños y madres para evaluar el
impacto y organizar próximos pasos.
Los datos hablan de diversidad: Niñas 60% / Niños 40%; edades de 6 a 16 años.
En escolaridad, 65% en primaria y 35% en secundaria. Detrás de esas cifras hay
historias de familias que, con un empujón, pueden sostener cuadernos, recargas y
pasajes.
Las madres de la REMUPI llegaron al exilio por motivos políticos y de persecución;
las de ASOHUMA, empujadas por la economía. En ambas orillas hay jornadas
largas, sobrecarga de cuidados y redes frágiles. La beca no resuelve todo, pero
alivia y ordena prioridades.
En las entrevistas, varias madres comentaron que la beca se notó en lo cotidiano:
“no tuve que elegir entre pagar el bus o los cuadernos”, “mi hija pudo imprimir las
tareas”, “mi hijo ya no falta por uniforme”. Son cambios pequeños que hacen
grande la semana.
El componente de becas se articula con el resto del proyecto: cuando la escuela
está más segura, la madre trabaja con menos angustia; cuando el negocio mejora,
se sostiene mejor la educación. Es, literalmente, un círculo que se cuida.

