La historia de Las Hijas del Maíz es, antes que nada, una historia de encuentro.
En una casa de habitación, entre pláticas y libretas con apuntes un grupo de
mujeres exiliadas nicaragüenses pertenecientes a la Red de Mujeres Pinoleras,
Remupi, se fue armando un proyecto que combina organización, economía
solidaria, comunicación con propósito y, algo decisivo, cuidados.
Este proyecto nace además por el deseo de una organización catalana que
históricamente ha apoyado a la población nicaragüense, San Just Solidari. Es ahí
que junto a la Asociación La Esperanza para la Comunicación y el Desarrollo
impulsan este proceso al que se suma la fuerza cotidiana de mujeres
nicaragüenses que resisten y reconstruyen vida en Costa Rica.
“Nacimos por la solidaridad, San Just Solidari quería seguir apoyando a personas
nicaragüenses y es así como les presentamos esta iniciativa hermosa que desde
2020 aglutina a mujeres exiliadas nicaragüenses en Costa Rica. Hicimos en 2022
un proyectito piloto que fue exitoso y claro luego ya trabajamos más
coordinadamente con la Remupi, ha sido un camino construido colectivamente”,
relata Wendy Quintero, quien apoya a las mujeres en este proceso.
En 2025
Cada año tiene actividades diversas, todas pensadas en apoyar a las mujeres que
viven un exilio forzado y buscan sobrevivir y tener un nuevo comienzo para ellas y
sus familias. Para el proyecto 2025 hubo reuniones periódicas internas y un
liderazgo más compartido.
La Casa REMUPI se consolidó como espacio comunitario y fuente de
sostenibilidad —con ferias, cáterin y uso solidario de salas—, mientras se cuidó la
transparencia en decisiones y el orden de las tareas. Ese “andar juntas” se notó en
la forma de tomar acuerdos y de respaldar a las compañeras que llevan la voz en
nombre de la red.
El componente económico-productivo movió la aguja para esta etapa. Doce
emprendedoras recibieron capital semilla y acompañamiento técnico para afinar
sus negocios: desde planificar costos y precios hasta presentar mejor sus
productos y abrir canales de venta.
Las ferias mensuales fueron escuela y vitrina: se vendió, se escuchó al público y
se validaron ideas con datos de las personas asistentes en este espacio libre de
violencia, que busca promover la cultura y ser un medio que una las culturas de
Nicaragua y Costa Rica. Una frase que quedó resonando: “no es solo vender, es
sostenernos, crear red y defender derechos, nuestros derechos como mujeres”,
señala una de las integrantes de la REMUPI.
La comunicación se volvió aliada cercana. Entre talleres y práctica, las mujeres
aprendieron a grabar y editar con el celular, a armar un guion corto y a elegir
formato según objetivo (reel o video horizontal).
La alianza con medios de comunicación y otras plataformas digitales permitió que
sus relatos circularan más y mejor. Lo audiovisual, lejos de ser un lujo, fue una
herramienta para decir: “Aquí estamos. Esto hacemos”.
Cuidarse también fue parte del plan. Los encuentros de auto cuido recordaron que
el bienestar no está en la orilla del proyecto: es el centro. Con música, ejercicios
simples y mapeo de redes, se nombraron miedos, logros y deseos. Al final, la
sensación fue compartida: el cuidado sostiene el emprendimiento, y el
emprendimiento sostiene el cuidado.
Mirando el conjunto, el proyecto avanza con pies firmes: organización con rostro
humano, emprendimientos con números claros, narrativas propias que circulan y
una apuesta educativa a través de becas escolares solidarias. Lo importante,
dicen ellas, es no perder de vista lo que las trajo hasta aquí: hacer red para vivir
mejor, libres de violencia y con plenos derechos.


